En los bosques verdes e incontaminados de Calabria se pueden recoger setas, un manjar porque son exquisitas y nutrientes; se conocían en el mundo antiguo y estaban presentes en las comidas de Babilonios, Egipcios, Griegos y Romanos; estos últimos las definían “comida de reyes”, aunque a veces pueden resultar mortales para quienes no sepan distinguir entre las comestibles y las que no lo son.
Se calcula que en el Altiplano de la Sila, pero también en las Sierras, existan unas 3.000 especies de setas; sin embargo, también en el Monte Poro encontramos estas setas extraordinarias.
La combinación sol-mar-clima templado y finalmente la Lluvia (la menos ácida de todo el territorio italiano, de hecho el PH del agua de lluvia es el mejor de Italia), pero también la presencia de lagos con su humedad y los inmensos bosques de pinos, hayas, castaños y robles favorecen el crecimiento de las setas, así que Calabria se considera la primera región italiana en la exportación de estos productos: boletos comestibles, níscalos, pata de perdiz y rebozuelos.
Uso gastronómico: se pueden combinar con entradas, primeros platos y guarniciones, pero también se pueden conservar en aceite.
Propiedades terapéuticas: los japoneses y los chinos las usaban como fármacos para potenciar las defensas del organismo.
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